Las restantes especies son P. Malariae, P. vivax y P. ovale, que causan
formas de paludismo menos graves, caracterizadas porque los parásitos pueden
permanecer en el organismo, en estado latente, durante un largo período de
tiempo, antes de causar la enfermedad.
FORMA DE CONTAGIO
El paludismo se propaga casi exclusivamente por medio del mosquito
anofeles o, más exactamente, por la picadura de la hembra infectada, aunque
también puede adquirirse la enfermedad mediante transfusiones de sangre o
por el uso de jeringuillas sin esterilizar. El ciclo biológico de este
proceso es el que se describe a continuación.
La hembra de un mosquito anofeles, al chupar la sangre de una persona
infectada, recoge los gametocitos (masculino y femenino) del plasmodio;
esto, en el estómago del insecto forman un huevo fertilizado del que se
origina un esporozoíto, que se instala en las glándulas salivales del
mosquito. Cuando éste pica a una persona sana, le inocula los esporozoítos,
los cuales, a través del torrente sanguíneo, alcanzan el hígado del
afectado, instalándose en él. Más adelante, las células hepáticas se rompe y
liberan una nueva forma que penetra en los glóbulos rojos, donde se
multiplican hasta hacer estallar los glóbulos rojos afectados.
A diferencia de lo indicado, en el caso de la fiebre terciana maligna
(transmitida por P.falciparum) los esporozoítos se multiplican en el
torrente sanguíneo, sin alcanzar el hígado; en consecuencia, si se logra
destruirlos, puede curarse la enfermedad de forma definitiva, cosa que no
ocurre en las otras formas de paludismo, en las que los parásitos latentes
instalados en el hígado dan lugar a que se produzcan posteriores
reinfecciones.

Recientemente se ha logrado producir una vacuna
eficaz contra el paludismo,
que sin duda supondrá un avance hacia la erradicación de la enfermedad.

Las fiebres periódicas e intermitentes constituyen
una característica
típica de la malaria o paludismo.

SINTOMAS Y CONSECUENCIAS
El síntoma
característico de esta enfermedad es la fiebre y la forma en que ésta se
presenta. Si bien al principio la fiebre es casi continua, a medida que
progresa la enfermedad se produce una sincronía con el período de
reproducción del parásito que conlleva una destrucción masiva periódica de
gran número de glóbulos rojos; en consecuencia, se aprecian períodos de
fiebre alternados con períodos de temperatura normal.
Las distintas especies tienen períodos propios. Así, P. malariae produce
fiebre cada tres días, mientras que P. ovale y P. vivax lo hacen cada dos
días; la enfermedad provocada por P. falciparum da origen a una fiebre casi
continua o con escasas oscilaciones.
Otros síntomas habituales suelen ser malestar general, debilidad, náuseas
y dolor de cabeza, aunque a veces también se puede producir vómito y
diarrea.
La consecuencia inevitable de una infección de paludismo es la anemia
causada por la desnutrición de glóbulos rojos que produce el parásito; es
común el aumento de tamaño del bazo (esplenomegalia) y del hígado (hapatomegalia).
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PREVENCION DEL PALUDISMO
- Las personas que vayan a viajar a una zona donde el paludismo es
endémico deberán tomar de forma obligatoria fármacos antipalúdicos.
- Se deberá consultar al médico cuál es el fármaco más adecuado,
que dependerá del lugar al que se viaje.
- Para que la medicación preventiva sea eficaz, debe tomarse
durante una semana antes del viaje, y durante una mes después del
regreso.
- Dormir bajo un mosquitero es una medida prudente, que reduce la
posibilidad de contagio.
- También puede resultar conveniente el uso de insecticidas y de
repelentes químicos.
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RIESGOS Y COMPLICACIONES
Los habitantes de zonas palúdicas, sometidos de forma casi inevitable a
diversos contagios. Llegan a alcanzar una relativa inmunidad, sufriendo, no
obstante, ataques repetidos de la enfermedad. Por el contrario, el visitante
ocasional que resulta infectado puede sufrir un ataque grave de paludismo.
La infección más grave se produce a causa del parásito P. falciparum, que
taca a todo tipo de glóbulos rojos, a diferencia de las otras especies que
se ceban tan sólo en los glóbulos más jóvenes o más viejos. Al existir un
gran número de glónulos rojos destruidos, éstos se acumulan en los vasos
capilares, provocando su oclusión y causando lesiones graves en los vasos
del cerebro, del miocardio y de los intestinos. El paludismo cerebral es muy
grave, cursando con somnolencia, epilepsia y pérdida de conocimiento.
Otras complicaciones graves afectan los riñones, el hígado o los
intestinos.
TRATAMIENTO
El tratamiento que se aplica a las personas ocasionalmente afectadas de
paludismo consiste en la administración de fármacos destinados a una doble
función. Por una parte, se orienta a la eliminación de los parásitos
presentes en el torrente sanguíneo, para lo cual los fármacos más empleados
son la quinia y la cloroquina. Por otra parte, conviene también, para evitar
las recidivas, hacer frente a las formas parásitas alojadas en el hígado,
empleándose para ello, entre otros fármacos, la primaquina.
Distinto será el tratamiento que se da a las personas que viven de forma
habitual en zona en las que el paludismo constituye una endemia. Estas han
adquirido ya un cierto grado de inmunidad, por lo que se refiere a las cepas
locales dicha razón, su tratamiento se orienta a eliminar sólo las formas
parásitas localizadas en el torrente sanguíneo, pues si se las sometiera a
un tratamiento completo de fármacos, perderían la inmunidad que han
adquirido.

El paludismo contraído durante el embarazo puede
afectar gravemente al feto y
provocar alteraciones congénitas e incluso su muerte.

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ERRADICACION DEL PALUDISMO
Las campañas de erradicación llevadas a cabo tanto por la
Organización Mundial de la Salud como por los servicios sanitarios
gubernamentales de los países afectados tienen a la erradicación del
mosquito anofeles mediante el uso de insecticidas específicas y la
desecación de lagunas y pantanos en los que éste se desarrolla y
reproduce. |
REFERENCIA: